Ing Juan Vicente Quintana. Coordinador de la ENC

Por Ing. Juan Quintana

Así es Mosú y su gente…

Mosu, se conoce así a una comunidad de indígenas de la etnia Warao localizada en el municipio Bolívar del Estado Monagas. El profesor Camacho (2007), investigador lingüista radicado en la comunidad comenta que el origen de este nombre se debe a la composición de Mo de Monagas, Su de Sucre, Mosú.

Este es un pequeño poblado al que llegan sus moradores y visitantes luego de recorrer unos dieciséis kilómetros de distancia desde la carretera nacional que une a Maturín con Caripito, en el edo. Monagas. El acceso en vehículo es rápido dado a las buenas condiciones en la que se encuentra la nueva carretera, la cual se asfaltó luego de largas jornadas de protesta pública realizadas por los Waraos de Mosú en la carretera nacional. En tiempos pasados la vía de comunicación era un camino carretero y los pobladores al igual que hoy no contaban con transporte público.

Abreu y Jiménez (1982) relatan que los servicios básicos en Mosú eran deficientes, casi nulos, existiendo solamente una medicatura que se activaba en épocas de elecciones. En la obra los autores comentan que existía un trueque de agua en la entrada de la carretera nacional a Mosú, por lo que los Waraos tenían que caminar 16 Kilómetros para llegar al centro de abastecimiento, eran entonces 32 kilómetros de distancia los que debían trajinar.

En otro orden de ideas Abreu y Jiménez señalan que, los Waraos habían sido obligados, por múltiples circunstancias, a adoptar conductas de los criollos, poniéndolos a vivir en condiciones deplorables y transculturizando a esta civilización indígena.

Según los autores, esta situación llevó al Warao de Mosú a vestirse como vestía el criollo, a comer los alimentos típicos del criollo, sustituyendo la ración de legumbres frescas por harina de maíz, espagueti, pan de trigo y las carnes de cacería por sardinas enlatadas. Para aquel entonces, lo waraos ya practicaban la agricultura de subsistencia dando oportunidad al ocio, al alcoholismo, a la mendicidad y a otros vicios que integraron con facilidad a su cultura tribal.

Hoy en día, datos oficiales del Servicio Autónomo de Atención al Indígena SAIM (2006) señalan que en la comunidad de Mosú habitan 426 personas, la mayoría de estos, son niños y niñas en edad escolar. Asimismo, estos registros indican que existe una matrícula escolar de 185 niños, desde preescolar hasta 9º grado y actualmente 20 alumnos pasaron a 4º año. Hay 4 maestras a quienes se les escucha aconsejar que “para trabajar con los adultos tienen que ser los días martes, miércoles y jueves, el resto de los días los waraos están tomando aguardiente…”. En la población prevalece el sexo masculino 55,4% sobre el femenino 44,6%, por otro lado el 30% de la población de Mosú es analfabeta.

Entre los planes sociales del gobierno, los datos de SAIM señalan que las misiones Robinsón y Rivas tienen 31 y 19 estudiantes respectivamente, disponen de un fogón comunitario construido por la Alcaldía de Bolívar y financiado y gestionado por el Instituto Nacional de Nutrición que atiende a más de 100 personas en condiciones de mal nutrición, embarazadas y enfermos de T.B.C, asimismo la escuela bolivariana dispensa todos los días alimentación a los 185 estudiantes.

Las viviendas existentes son de tres tipos, 42 viviendas de auto construcción, 35 “janokos”, que son casas típicas de la cultura Warao al estilo de los palafitos, sin paredes y con techo de palma Temiche, finalmente 9 janokos multifamiliares que dan abrigo a familias extendidas, conformadas por los miembros de una gran familia Warao. En este contexto los waraos se hacen acompañar por cochinos realengos que se la pasan caminando de aquí para allá sin control alguno, también se ven muchos perros e inclusive hasta tienen un zamuro por mascota.

SAIM también manifiesta que para la fecha en la que realizaron su visita a la comunidad de Mosú, el equipo de salud que los acompaño para la ocasión detectó entre otras patologías: gripe, escabiosis, T.B.C, diarreas, dolor de estomago, paludismo y dolor en el pecho. SAIM expresó su preocupación por los 27 waraos enfermos de T.B.C y la dificultad que se presenta para que estos cumplan el tratamiento apropiadamente, “siempre se van al caño a pescar y a cazar”. Igualmente, para la fecha se conoció que las actividades económicas más practicadas en esta comunidad son el cultivo y la pesca seguidas de la artesanía, todas ellas siguen siendo actividades de subsistencia para el Warao.

La mirada de los waraos de Mosu deja la sensación de que saben acerca de que les van a hablar, “siempre promesas…” dicen…, “nunca las cumplen…” agregan…. No pierden una oportunidad para hacer el reclamo de lo incumplido y de relatar sus problemas, todos diferentes, dependen del lado de la comunidad en el que viven, de su género y de la posición que ocupen en la comunidad; Algunos no dicen nada, simplemente guardan silencio y ceden su opinión al liderazgo de confianza.

Unos Waraos, que dicen ser “Waraos criollos”, llaman despectivamente “indios”, “a los de aquel lado de la comunidad”, refiriéndose a los más pobres de la misma, a los que viven en los janokos. Por otro lado, en sus comentarios se puede notar cierta picardía, Véliz (2007) enfermero Warao de la comunidad comenta: “aquí el chisme es como un corrientazo…” y se pregunta “¿Acaso nosotros los Waraos somos de Barrio Afuera….?”. Véliz narra que nunca hay acuerdos entre ellos, que su consejo comunal no funciona y que “no pueden beber esa agua, porque es maluca, esta sucia y los enferma”.

Siempre expresan su preocupación por la forma como viven, “las enfermedades siempre están”, “Aquí no hay médico…” comenta el enfermero Warao al mostrar las bien dotadas instalaciones del ambulatorio rural tipo I de la comunidad, y agrega “no tiene agua porque la bomba se daño…”. Acota que cuando un Warao se enferma su familia se ve obligada a llevarlo al hospital de Caripito o al de Maturín pero resaltando que el warao busca ayuda para curarse “cuando cae en el chinchorro, cuando ya no puede mas”.

No es posible dejar de percibir lo inteligente que son los Waraos, demuestran también mucha claridad acerca de los procesos de transformación política y social que se viven en el país actualmente. En Mosú la información de primera mano esta a la orden del día y reclaman que lo dicho por el presidente acerca de los indígenas, “nadie lo cumple”, que “se están vulnerando sus derechos constitucionales….”. Allá en Mosú hay televisión, radio, muchos indígenas tienen DVD y también es común escuchar el repicar un teléfono celular.

Al conversar con un warao y verlo sonreír te puedes convencer de que muchas son las cosas que culturas diferentes pueden compartir y aprender la una de la otra. Con algunas expresiones dan muestras de afecto, daja sanuka o hermano pequeño, maraisa katuqueti o amigo ¿como estas?, se emocionan cuando tratas de hablar en su idioma, les causa gracia, les agrada, te enseñan, otros sienten desconfianza “El criollo quiere aprender ha hablar Warao para seguir dominando al warao”.

En las conversaciones largas y fluidas que sostienen los niños waraos de Mosú ya casi no se puede disfrutar oír sus voces originarias, en las comidas que hoy preparan en Mosú ya no es fácil ver servido el pan preparado a base de la yuruma, la harina sacada del Moriche y comida típica del Warao. Hoy en día el trabajo remunerado, pagado por el criollo, hace a un lado el interés del Warao por su comunidad, los jóvenes ven en el horizonte criollo la falsa salida del sol y los mayores, tristes entre si, comentan que sus niños quieren dejar de ser Waraos porque se niegan a hablar con ellos en el idioma de sus ancestros.

25 años atrás Abreu y Jiménez (1982), narraban una situación que es parecida a la misma que hoy describen los ciudadanos de Mosú y que también es común ver al pasearse por las calles de Maturín, dicen estos autores:

Como no existe un liderazgo formal, ni existen organizaciones que permitan canalizar las demandas, el contacto de los Waraos con las instituciones locales se hace de manera personal, o en grupos donde van hombres, mujeres y niños juntos, constantemente se les observa a las puertas de las oficinas, en las aceras o alrededores, expuestos a la indigencia pública o al escarnio de la población civil, que los visualizan como mendigos, o como presa fácil para arrebatarles a precios irrisorios el producto de su trabajo; cestos, sebucanes, chinchorros, pájaros o los escasos productos agrícolas que obtienen de los conucos.